Brunilda.

lunes, 25 de agosto de 2008

El cuerpo lacio y muerto, se balansiaba de un lado a otro,su cabeza gacha, la sombra que iba y venia lentamente,como un pendulo. Ella se quedo parada en la puerta, mirando la triste e inesperada escena. En esos momentos, no sentia, ni siquiera el calor que su pequeña hija le transmitia entre sus brazos tiesos, ni la mano de cristina que se movia inquieta sin enteder que pasaba con su papá . Enrrealidad, los movimientos que siguieron fueron totalmente mecánicos, algo así como un piloto automático de sus propios sentimientos. Y luego de unos momentos se vio a sí misma, sujeta de sus piernas, como intentando detener algo,aprentadolo fuertemente contra sí-hágase tu voluntad en la tierra como en el (...)libranos del mal, amén- y dejo de escuchar su propia voz, como desde otro lugar total mente lejano a ella.

-vecino, mi esposo esta muerto.

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